lunes, 18 de febrero de 2008

Alfredo I, Rey

La coronación de ayer en el Bernabeu ("gracias a la UEFA por dejarme jugar en casa") de Don Alfredo llegó en un momento inmejorable. Puede parecer que un poco tarde por el bastón al que se agarraba, pero justo cuando el Madrid vuelve a plantearse el camino a seguir y no es otro que volver la vista a la Saeta.

De los comentarios que escuché de compañeros, contrarios y videntes, dejaban casi para el último lugar la calidad del Presidente de Honor. Primero hablaban de él como ganador, leal, sacrificado, disciplinado, compañero... palabras que hasta hace poco provocaban risa y pereza en el vestuario blanco (que le pregunten al pagliaccio de Cassano).
Esos valores a los que se referían todos han pasado hasta hoy de boca a corazón dentro del vestuario y son los que han hecho grande al Madrid a pesar de que en la mayoría de las temporadas los jugadores con clase y sin compromiso los tenían, y los tienen, otros.
Al igual que pasa en la religión, no me hace falta haber visto jugar a Di Stefano para considerarle el mejor de todos los tiempos. No solo por la vergüenza ajena que produce cada acto o declaración de Pelé y el Diego contrastada directamente con el señorío de Don Alfredo, su ironía, humildad y las ganas de vivir para llegar al domingo y ver ganar a su Real, que, como él dice, es lo que le mantiene vivo. También porque una parte de los goles y títulos que consigue el Madrid hoy en día se los apunto a él porque le puso los primeros kilos al peso del escudo.
Espero que tomen nota los que acudieron sin traje al acto. Llega la Champions y cada domingo va a ser más dificil ganar sin pensar en el miércoles siguiente, le pasará al Barsa también. A ver si recuperamos pronto a Pepe y Heinze porque falta contundencia detrás. Confío en que la Nena y María griten por mí en el Olímpico y nos traigamos un resultado listo para rematar en el Bernabeu.

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